Giusi Nicolini, exalcaldesa: “Con Lampedusa, la ultraderecha ha abierto la campaña para las elecciones europeas” | Internacional

Giusi Nicolini, alcaldesa de Lampedusa entre 2012 y 2017, puso a la isla en el mapa mundial de la solidaridad. Se forjó como regidora entre las graves crisis de refugiados que sucedieron a las primaveras árabes y a la guerra en Siria. Y puso sobre la mesa ideas innovadoras y un mensaje de acogida e integración que replicaron numerosos ayuntamientos en Europa. Lidió con el naufragio de 2013 en el que perdieron la vida más de 300 personas y que sacudió a Europa, se vio con el Papa, viajó a la Casa Blanca, y recibió el Premio de la Unesco por la Paz. Aunque lo mismo que encumbró a la exalcaldesa (Lampedusa, 62 años), la gestión humanitaria de la inmigración, acabó por finiquitar su prometedora carrera política en el Partido Democrático, después de perder las elecciones contra un candidato con un discurso más duro frente a la acogida de inmigrantes. Alejada de la primera línea política, pero en forma como activista dentro y fuera de Italia, reflexiona en conversación con este diario, sentada en la terraza de un bar de la avenida de Roma, la vía principal de Lampedusa, sobre la emergencia que ha sacudido ahora a la pequeña isla y de la que aún se está recuperando.

Pregunta. Lampedusa ha asistido a un número de llegadas a través del mar que no se había visto nunca antes en la isla: 12.000 en menos de una semana, de ellas 5.000 en un solo día. ¿A qué se debe?

Respuesta. Son cifras muy elevadas, pero no me sorprenden. Esta isla está muy expuesta en el Mediterráneo a este tipo de flujos migratorios. Hay periodos en los que llega mucha gente en poco tiempo. En 2011 sucedió también de manera muy intensa, con la Primavera Árabe o la Revolución de los Jazmines [en Túnez], que acentuaron la inmigración hacia Italia. En aquella época había un Gobierno de derechas en Italia y un ministro de Interior de la Liga [Roberto Maroni]. En el caso actual, desde inicios del verano se venía apreciando un aumento considerable de los desembarcos.

P. ¿El pico de llegadas actual se podía haber previsto?

R. Sí. Un Gobierno responsable y previsor debería haberlo previsto, considerando la inestabilidad de todo el norte de África y de Túnez, en particular. Porque con [el presidente tunecino] Kais Said, Italia y la Unión Europea pueden hacer todos los tratados que quieran, pero es un dictador que ha desmantelado lo poco de democracia que se estaba construyendo en el país. Además, en este momento, Túnez atraviesa una grave crisis económica y social. A esto se añade el terremoto de Marruecos, las inundaciones de Libia, que está en una situación muy crítica; la guerra civil en Sudán, los alzamientos militares en distintos países, la crisis humanitaria en el Cuerno de África… El Gobierno debería haber previsto que esto podía pasar. En 2013, después del naufragio del 3 de octubre en Lampedusa, el Gobierno de [Enrico] Letta puso en marcha un programa de rescate humanitario en el Mediterráneo, llamada Mare Nostrum, precisamente porque había condiciones dramáticas en el mar y previsiones de grandes llegadas.

P. ¿Qué cree que debería haber hecho el Gobierno de Giorgia Meloni para evitar esta situación?

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R. Meloni debería haber hecho lo mismo que hizo Letta: poner en marcha una operación marítima con embarcaciones de la marina al sur de Lampedusa para realizar rescates en el mar y trasladar inmediatamente a las personas salvadas a otros puertos de Italia. Esto habría evitado que se sobrecargara la isla. El primer día llegan 5.000, hace buen tiempo y tienes razones para suponer que van a seguir llegando muchos más en los días sucesivos, como Gobierno sabes que la isla es pequeña, que no hay hospital, que está llena de turistas. Todo es limitado, también el agua, que en Lampedusa no es potable y llega embotellada en barco… O garantizas que llega agua suficiente o te aseguras de sacar de la isla a las personas.

P. ¿Dónde ha fallado la gestión?

R. Hemos visto a miles de personas a las que han dejado desatendidas, abandonadas durante muchas horas sobre el asfalto abrasador, en el muelle, con un calor de más de 40 grados. El centro de acogida tiene solo 400 plazas que se han convertido en 7.000 a la fuerza, en condiciones de higiene deplorables. Las autoridades ni siquiera han sabido distribuir agua, han contenido la situación con la actuación de la policía, que cargó en una ocasión contra los migrantes con porras y escudos. Eso es algo que nunca había visto en Lampedusa, aquí siempre habían tenido un comportamiento humano. Esta ocasión me ha hecho decir: ‘Sí, tenemos un Gobierno fascista, no hay duda’.

Solo hay un helicóptero medicalizado en la isla para trasladar a enfermos graves al hospital de Sicilia, pero tarda una hora en ir y otra en regresar. En los desembarcos es frecuente que haya náufragos que se encuentren en condiciones graves que requieren ingreso hospitalario, por lo que hay que transportarlos en helicóptero, lo que quiere decir que muchos días, durante al menos dos horas, la isla se queda sin este tipo de asistencia. Se podía prever y reforzar estos servicios. Las autoridades deberían actuar inmediatamente. Pero cada vez estoy más convencida de que buscan situaciones dramáticas para justificar sus mensajes antinmigración.

P. ¿Por qué lo dice?

R. En este momento, la ultraderecha ha abierto la campaña electoral para las europeas. Han mostrado a la opinión pública que los lugares donde desembarcan los migrantes inmediatamente se convierten en lugares de degradación, en los que la población está en peligro. Han transformado una emergencia sanitaria en una cuestión de seguridad, han usado la fuerza contra las personas que ellos mismos han abandonado en el asfalto sin siquiera darles agua. Primero los matan de hambre, no les dan ni agua, provocan que se rebelen, para después decir: “Son un peligro para la seguridad”.

P. ¿Por qué el sistema de acogida ha llegado al colapso en Lampedusa?

R. El sistema en la isla está pensado para que funcione bien a modo de vasos comunicantes: los migrantes entran y salen al mismo ritmo, pero colapsa si hacinas a las personas de manera inhumana, en un centro que es como una cárcel. Los migrantes pueden salir con normalidad de Lampedusa si hay plazas en los centros de acogida de Sicilia o de la península, pero estos años, los mismos representantes de derechas, los mismos ministros de derechas, en concreto Matteo Salvini, como ministro de Interior, con sus decretos de seguridad, han desmantelado el sistema de acogida en Italia. El daño lo han causado ellos y han recibido votos por ello. Aquí vemos perfectamente sus propios fracasos.

P. ¿Qué piensa de las protestas de los vecinos de estos días, guiadas por el vicealcalde de la isla?

R. La cuestión es compleja. El vicealcalde, Attilo Lucia, es de la Liga. Esta Administración ganó las elecciones en Lampedusa el año pasado después de llevar años haciendo campaña exclusivamente contra los desembarcos. Desde entonces no habían vuelto a abrir la boca contra los desembarcos. El caso del vicealcalde es emblemático, gana votos en las elecciones con la propaganda antinmigrantes, pertenece a uno de los partidos del Gobierno y ahora guía la revuelta por una crisis completamente italiana, que no tiene nada que ver con Europa.

Migrantes hacen cola en un centro de Lampedusa, el 14 de septiembre de 2023.Valeria Ferraro (AP)

P. ¿A qué se refiere?

R. Las llegadas, aunque elevadas, son un número que un país como Italia podría y debería gestionar sin mayor problema, es un país rico, desarrollado. Tiene medios y estructuras suficientes para ocuparse de ello. Si nos atenemos a los datos de los gastos en acogida de otros muchos países europeos, Italia no destaca particularmente, ni siquiera es el país europeo que recibe más solicitudes de asilo: ni en términos absolutos ni en relación con su población. Meloni está difundiendo un montón de falacias.

P. En 2017, cuando el número de llegadas fue similar a este, Italia gastó alrededor de 4.300 millones de euros, con contribución de la UE, en la acogida de migrantes y solicitantes de asilo, el 0,25% del PIB de ese año.

R. Están mostrando que en todo el territorio nacional hay una emergencia porque no hay lugares ni estructuras de acogida suficientes, pero la realidad es que ellos mismos en el pasado acabaron con ellas. Ahora en cambio, pretenden construir centros de identificación y expulsión. Todo es una cuestión de propaganda mediática. Se centran en la inmigración a través del Mediterráneo porque buscan el impacto fácil de la imagen de los barcos colmados de migrantes, porque con ella es más sencillo instrumentalizar la inmigración y hablar de una invasión que en realidad no existe.

P. ¿Qué piensa de la visita conjunta a Lampedusa de la primera ministra, Giorgia Meloni, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen?

R. Hablaron de un desafío europeo cuestionable y presentaron un plan de diez puntos, ninguno nuevo, que además solo ilustran la doctrina europea para contener la inmigración irregular. Porque esto es lo que hace la UE, que no tiene políticas comunes de acogida para los refugiados. Algunos puntos del programa son totalmente retóricos, como el de los corredores humanitarios para los solicitantes de asilo, ¿dónde están? No existen.

P. El 3 de octubre se cumple una década del trágico naufragio de Lampedusa que pareció haber despertado a Europa, ¿ha cambiado algo?

R. Cuando murieron casi 300 personas aquí en 2013 dijeron ‘nunca más muertos en el Mediterráneo’, y ahí se quedaron, no hicieron nada… En este tiempo han levantado muros, han firmado un acuerdo con Turquía para frenar las llegadas por la ruta de los Balcanes. Italia contribuyó a esta política en 2017 haciendo el acuerdo con Libia y hoy estamos aún peor porque añadimos el acuerdo con otro dictador [en referencia a Kais Said, en Túnez] que no ha servido para nada, porque los desembarcos se han multiplicado desde que se firmó. Más bien ha contribuido a que Túnez siga maltratando a los migrantes.

P. ¿Cree que los gobiernos de izquierda en esta década gestionaron mejor la cuestión de la inmigración?

R. De la izquierda me habría esperado otra respuesta, como el cambio de la actual ley que regula la inmigración en Italia, la conocida como ley Bossi-Fini, que es una ley fascista que crearon durante el Gobierno de Silvio Berlusconi el fundador de la Liga y un representante del Movimiento Social Italiano, heredero del posfascismo y que penaliza la inmigración. Un cambio en esta ley se convertiría en uno de esos gestos valientes que tal vez te hacen perder las elecciones al año siguiente, pero que sirven para aportar un granito de arena fundamental para el futuro, porque los movimientos migratorios continuarán y se intensificarán.

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