Eden Hazard anuncia su retirada del fútbol | Fútbol | Deportes

Eden Hazard, defendido por el defensa del Getafe Juan Iglesias, el pasado 13 de mayo, en su último partido con el Real Madrid.Rodrigo Jimenez (EFE)

La carrera futbolística de Eden Hazard, muerta en vida hace más de tres temporadas, se acabó oficialmente este martes. El belga, de 32 años, anunció su adiós a través de un comunicado: “Hay que saber escuchar y decir ‘detente’ en el momento adecuado. Hice mi sueño realidad: jugar y divertirme en los campos de toda Europa y el mundo”, escribió el atacante, que se encontraba sin equipo después de acordar el pasado verano la rescisión del contrato con el Real Madrid.

Se marcha una estrella caída, castigada en su última etapa por un torrente fatal de lesiones y problemas físicos, con un expediente de 623 partidos, 167 goles y 157 asistencias entre el Lille, Chelsea y Madrid, más otros 132 encuentros y 26 tantos con la selección. Todavía figura como el fichaje más caro de la historia del club blanco (115 millones), aunque en el Bernabéu no dejó ni dos ramalazos de su juego eléctrico, vertical e imaginativo que lo encumbró en el Chelsea.

La lesión en el tobillo derecho que le produjo su compatriota Thomas Meunier el 26 de noviembre de 2019 en Chamartín durante un Madrid-PSG de Champions supuso su entierro futbolístico. A partir de ahí, tres operaciones, infinidad de molestias musculares y recaídas múltiples fueron socavando la carrera de un extremo que llegó a situarse en el escalón inmediatamente inferior a Messi y Cristiano. Como tal lo fichó el Madrid en el verano de 2019, una estrella para liderar un ataque que se había quedado huérfano tras la salida un año antes de Ronaldo, pero nada de eso ocurrió. Esa pretemporada aterrizó en Valdebebas muy pasado de peso y, cuando empezaba a afilar la carrocería, el estacazo de Meunier lo metió en un túnel del que no salió.

En su ascenso a la cima, primero en el Lille y luego en el Chelsea, Hazard fue un talento natural, el tipo de futbolista que nunca necesitó de un sobreesfuerzo ni de horas de gimnasio para marcar diferencias sobre el campo. “No corría mucho para defender, no entrenaba bien y cinco minutos antes de los partidos jugaba al Mario Kart en el vestuario”, desveló sobre él, con admiración, su excompañero en Stamford Bridge Filipe Luis. “Calentaba con los cordones desatados. Pero salía y nadie podía quitarle la pelota. Regateaba a tres o cuatro. Si los oponentes se acercaban demasiado, él, simplemente, se alejaba”, añadió el lateral brasileño. En aquellos siete cursos en Londres (2012-19), apenas sufrió lesiones. Su cuerpo era un reloj y sus pies, unos alquimistas en sus clásicas arrancadas desde la banda izquierda. Esa era su vida y su ascendencia sobre el juego hasta que todo se le torció sin remedio en el Madrid.

La fe de Zidane, la distancia con Ancelotti

“Los días de partido iba genial, pero cada vez que me despertaba al día siguiente… Siempre lo mismo, dolencias pequeñas. No me gusta jugar así. Me gusta estar al 100% y no jugar con miedo”, trataba de explicar en junio de 2021, después de un año y medio entrando y saliendo de la enfermería. La fe de Zinedine Zidane en él había resultado infinita hasta entonces; en sus últimos meses juntos, muy por encima de la evidencia que dictaba el terreno de juego. El francés miraba con desconfianza a Vinicius y se entregaba al belga. Para el recuerdo queda cuando en mayo de 2021, en la vuelta de las semifinales de Champions frente al Chelsea, mandó al brasileño al carrilero derecho, en una posición inédita en su carrera, para colocar a Hazard como extremo izquierdo. Al primero lo quitó a la hora de juego mientras al segundo lo aguantó hasta el final pese a su intrascendencia sobre el césped, a la vista de todos, y su incapacidad física para aguantar el ritmo del partido.

Carlo Ancelotti también lo colocó de inicio en agosto de 2021, tirando de su currículum, pero su apuesta apenas duró dos encuentros. Irrumpió Vinicius una noche en el Ciutat de València, más tranquilo con el técnico italiano que con el galo, y ya no hubo más Hazard. Curiosamente, entre Carletto, afamado por su mano izquierda con las grandes estrellas, y él se abrió una brecha indisimulable. “Es verdad, no me hablo mucho con Hazard”, admitió hace unos meses el entrenador de Reggiolo tras unas declaraciones del jugador en la misma línea. En el vestuario, sin embargo, Hazard nunca supuso un problema interno. Afable y de buen humor, desde Valdebebas siempre se valoró su sonrisa en su caída a los infiernos.

“He hecho estos tres años con lesión, pero el próximo año lo voy a dar todo para vosotros”, gritó en mayo de 2022 a los aficionados durante las celebraciones de la decimocuarta Champions. Fue su última y estéril promesa. Ya no había más agua que sacar de ese pozo. En el Madrid solo celebró siete dianas en 76 choques. Roberto Martínez, entrenador de Bélgica entre 2016 y 2022, y otro que le tuvo fe hasta el final tras el tercer puesto mundialista de 2018, se lo llevó al Mundial de Qatar y le concedió el estatus de titular hasta que el penúltimo día, cuando las urgencias deportivas le obligaron a buscar otras soluciones. El pasado 13 de mayo, Eden Hazard disputó su último partido oficial de fútbol, contra el Getafe en el Bernabéu.

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